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Arizona

Fechas febrero 2017

Desde el 3 de Febrero al 18 del mismo Gerardo estará impartiendo charlas en diferentes comunidades de Arizona. Checa el calendario para ver dónde habrá una conferencia más cercana de tu localidad.

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Fe

“Padre mío que estás en mi espacio privado”

Contaré dos historias que sucedieron en momentos, lugares y con personas diferentes, con el fin de reflexionar seriamente…

El funeral

En una funeraria que cuenta con capilla para realizar Misas y celebraciones para los difuntos, cierto día una familia necesitaba a un sacerdote que celebrara las exequias para su ser querido. El sacerdote no llegó y entonces la administración del lugar echó mano de un laico conocido por ellos. Le llamaron para que acudiera a hacer la celebración para difuntos y pasó más de una hora del tiempo programado inicialmente hasta que llegó. Comenzó la celebración con el acto penitencial, realizado fuera de las normas litúrgicas cuando el celebrante no es un sacerdote, además de larguísimo; luego, el Evangelio fue electo al azar por tal persona después de barajar el Misal cual mazo de naipes, llegando en su proclamación a cambiar las frases a placer y, por tanto, el sentido del mensaje evangélico; enseguida, la homilía fue más bien una predicación distorsionada de tipo emocional, que en lugar de confortar confundió a no pocos de los ahí presentes.

En fin, hubo demasiados abusos y excesos litúrgicos.

Paulo Coelho y el retiro de evangelización

No se confunda ni se emocione por favor. Claro está que sería demasiado bueno que este personaje recibiera a Cristo en su corazón en un retiro, jornada o congreso kerigmático, y anunciara pública y sinceramente su conversión al catolicismo como muchas personas famosas lo han hecho a últimas fechas. Pero -aquí está el “pero”- Paulo Coelho dice de sí mismo y de manera escueta que es católico de una “sociedad secreta” y nada más. Al respecto sólo queda señalar que dentro de la Iglesia no existen este tipo de sociedades, sino que puede haber asociaciones discretas de vida apostólica, así que no se sabe bien a bien a qué se refiere el famoso escritor a quien tanto recurren lamentablemente muchos buenos católicos.

El P. Modesto Lule Zavala, MSP (Misionero Servidor de la Palabra), comentó hace no mucho que durante un retiro de evangelización le tocó observar cómo una religiosa, durante la predicación del kerigma, en lugar de usar citas bíblicas usó citas de Paulo Coelho. Después de la participación de la religiosa, el P. Modesto habla con ella y la reprende por lo anterior, a lo que la hermana, indignada le responde que no tiene por qué meterse; total, ella si quería lo podía hacer.

Egocentrismo espiritual

En las dos historias mencionadas se puede observar que algunos católicos, en su afán de parecer innovadores, se olvidan de lo esencial, pues en lugar de hablar de Dios hablan de sí mismos usando a Dios como referencia, pretendiendo reemplazar lo original con cosas que se le parezcan pero que no son adecuadas y mucho menos buenas. El problema con Paulo Coelho no es que hable y escriba bonito, sino que dentro de su lenguaje bonito inocula sutilmente veneno tóxico que muchos sin advertir toman en pequeñas o grandes dosis, dependiendo el grado de admiración y dependencia (valga la redundancia) a los escritos y publicaciones de este autor, que se ha convertido en una especie de gurú de masas y lo citan para todo como el plus ultra y el último refresco del desierto.

El enemigo en casa

Para la New Age este tipo de cosas resulta un perfecto caldo de cultivo a corto, mediano y largo plazo; y sin duda alguna ha puesto su influencia e injerencia en algunos sectores, incluso dentro de la Iglesia a través de la propuesta de ciertos caminos espirituales y prácticas pastorales.

Juan Pablo II advirtió hace años a un grupo de obispos de Estados Unidos lo siguiente: “Las ideas de la Nueva Era a veces se abren camino en la predicación, la catequesis, los congresos y los retiros, y así llegan a influir incluso en los católicos practicantes que tal vez no son conscientes de la incompatibilidad de esas ideas con la fe de la Iglesia”.

El sacerdote Gonzalo Len, autor del libro New Age, el desafío de la editorial Stella Maris, señala: “Hay un punto importante a considerar, a la New Age se le conoce más por sus manifestaciones que por su propio nombre: el eneagrama, los niños índigo, los métodos para la expansión de la conciencia, para la relajación y la armonía, los alienígenas, las flores de Bach, etc. Su actualidad y desafío se ven más claramente cuando se comprende que la gran diversidad de manifestaciones tiene cierta unidad de fondo. La New Age no sólo es atractiva para los amantes de lo oculto y alternativo sino para muchos hombres y mujeres que quieren una respuesta que esté más allá de la que presenta una cultura secularizada”.

Los pontífices han llamado a la Nueva Evangelización: nueva en su ardor, nueva en sus métodos y nueva en su expresión; pero no se puede reinterpretar el Evangelio para tener uno más cómodo y “light”, mucho menos con metodologías dudosas.

New age

¿Decir “Amén” a todo?

¡Aguas!, la Nueva Era presenta a Cristo con imágenes de este tipo, obviamente sin cruz.

Comúnmente se ven en redes sociales cosas como las siguientes: “Si crees en el poder de Dios, responde amén y pásalo a tus contactos para que hoy reciban un milagro”… O bien: “Saludo al ser divino (al ser de luz, etc.) que hay en ti. Decrétalo en tu vida y en la de tus seres queridos y un milagro ocurrirá”. El caso es que muchos católicos, además de responder el tan solicitado “Amén”, lo publican en sus muros y lo comparten a más gente como si se tratara de oraciones con licencia eclesiástica y aprobadas por la Iglesia, o incluso mezclando estas pseudo-oraciones con imágenes sagradas de Nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen María, o de plano con imágenes de hadas haciéndolas pasar por ángeles buenos.

Ante estas oraciones, aparentemente inocentes y efectivas, pregunto si se advierten los engaños contenidos. Si para alguna persona no es evidente el engaño, me permito ilustrar esta colaboración -para aclarar el punto- con las imágenes que aparecen en una página de Facebook llamada “Curaciones Milagrosas” la que, lamentablemente, es seguida por muchos cristianos católicos que buscan llenar esos vacíos de plenitud en Dios, a nombre de pretender llevar una espiritualidad sin religiosidad ni mucho menos con la vivencia de los Mandamientos, “al fin y al cabo cada quien puede creer en lo que quiera, ¿o no?”, me dirán algunos. A tal comentario respondo que no. Como católicos no podemos creer en lo que queramos, sino únicamente en aquellas verdades conocidas como dogmas de Fe, establecidas por Dios a través de la Iglesia a lo largo de dos milenios de Cristianismo: basadas en la Escritura, la Tradición Apostólica y el Magisterio eclesial.

No faltan católicos que se dejan llevar por éste y otros engaños, ajenos totalmente a la fe.

La fe, la creencia y la conciencia

No faltará quien objete lo siguiente: “Tengo libertad de conciencia”. La respuesta sigue siendo no, porque la conciencia no está sujeta a debate por el hecho que es a través de la misma por la que Dios nos habla señalando lo que para nuestro bien, purificación y santificación debemos creer y obedecer.

“Tal concepto de la libertad de conciencia es de origen masónico. La conciencia no es fuente de la moral, sino un testigo de la presencia de la ley moral grabada por Dios en la naturaleza humana. Ella no determina lo que está bien o mal. Eso es patrimonio de Dios. El oficio de la conciencia es decirle a la persona cuando no está obrando de acuerdo con los mandamientos de la ley de Dios” (Romanos 2,14-16) (Cfr. José Luis Pivel [2002]. Nueva Era: ¿Religión del Anticristo?, tercera edición: Editorial San Gabriel).

La cuestión de fondo es que no todo lo que se presenta con el título de espiritual es religioso, ni todo esto compatible con la fe y la enseñanza de la misma, mucho menos debe ser aceptado a la primera sin discernimiento y sentido común, por más frases bonitas con las cuales aparezcan en redes sociales, programas de televisión, radio y cuanto medio masivo se nos ocurra.

El “Amén” de la Biblia vs el “Amén” de la Nueva Era

Hoy mucha gente a todo o casi todo le dice “Amén”, como si se tratara de una simple fórmula para conseguir mágicamente aquello que se desea. El Pueblo de Dios, ya desde sus orígenes más remotos, sabía que la palabra “Amén” significa “Así sea”, pero también lo entendía como una manera de vivir ateniéndose irrestrictamente a lo dicho y mandado por Dios por el simple hecho de estar de acuerdo con Él; dicho de otro modo, es una profesión de fe.

La palabra “Amén” la encontramos por primera vez en el primer libro de las Crónicas: “Alaben al Señor porque es bueno. Porque es eterna su misericordia. Digan: ‘Sálvanos, Señor, Dios nuestro, y júntanos de entre las naciones, a fin de celebrar tu nombre santo y tener nuestra gloria en alabarte. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, desde siempre hasta siempre’. Que todo el pueblo diga: ‘Amén. Aleluya’. Todo el pueblo contestó ‘Amén’ y alabó a Yahvé” (1Cron 16,34-36).

Muy bonito, pero ya sabemos quién está detrás y definitivamente no es Dios.

Así que, ya sabiendo que la palabra “Amén” se trata de una profesión de fe al Dios verdadero y no a recetas fáciles y milagrosas que aparecen en internet, la próxima vez que les pidan en redes sociales decir esto y poner el respectivo “Like”, pueden simple y llanamente responder: “No, gracias. Sé bien en Quien he puesto mi confianza” (Cfr. 2Tim 1,12a).

“No vine para abolir, sino para cumplir. Les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, ni una ‘i’ ni una coma de la ley dejará de realizarse. Por tanto, quien quebrante el más mínimo de estos mandamientos y enseñe a otros a hacerlo será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero quien lo cumpla y lo enseñe será considerado grande en el reino de los cielos”. (Mt 5,17-20).