Hablar de los rituales mágicos, cómicos y hasta ridículos sería perder el tiempo, y hasta dar ideas a más de un despistado que trate de justificar su falta de fe y esfuerzo.

 

Año viejo año nuevo. Cíclicamente, y desde que tenemos uso de razón ha sucedido así y sucederá hasta el final, cuando el Señor Jesucristo, coronado de gloria y majestad venga a juzgar a vivos y muertos.

Mucha gente en su afán del bienestar y la prosperidad ha recurrido a un sinfín de cosas para de alguna manera “asegurar” el futuro inmediato a través de objetos, rituales, frases, etc., de tipo mágico y supersticioso, los cuales suponen les darán buena suerte, influirán en su destino y, piensan, deben ser hechos con fe. La mayoría de las veces dicen: “yo no creo en esas cosas, pero por si acaso…” En muchos de estos casos están presentes diversas formas de ocultismo que, por diversión, ignorancia o ambos se realizan al término y principio de cada año como un modo de que cada quien aminore sus decepciones y esperance las ambiciones.

De seguir alguien con esas practicas y rituales dará la bienvenida no a bendiciones, sino a otras cosas que lograrán el efecto contrario de lo que originalmente se buscaba conseguir.

Y los hay para todos los gustos y economías.

 

Hay gente que dice “yo no creo en esas cosas, pero por si acaso…” En realidad, esto es un modo de que cada quien aminore sus decepciones y esperance sus ambiciones.

 

El problema no es buscar bienestar económico, material y amoroso, ni mucho menos lograr las aspiraciones personales: la Nueva Era hace de esto una búsqueda ritualizada dentro de una especie de narcisismo espiritual en donde cada quien viva sus propias fantasías de aventura y de poder satisfaciendo su propio ego y alejándole del mundo y de la realidad (Jesucristo Portador del Agua de la Vida 3,2). Un alejamiento del valor y sentido salvíficos del sufrimiento y el dolor; del trabajo honesto y esforzado, de la satisfacción por las victorias obtenidas al vencer vicios y pecados personales y de pedir a Dios en oración la persona adecuada, pero también de ofrecer al Señor ser la persona adecuada para alguien más con quien se quiera pasar el resto de la vida bajo su bendición. Entre otras cosas.

 

Seamos honestos; todos tenemos la necesidad de que el Año Nuevo sea mejor para cada quien respecto al anterior, pero muchos lo hacen fuera de las recomendaciones que la Sagrada Escritura a través de la Iglesia hace para todos, como lo son: la oración, los sacramentos, el firme propósito de cumplir con las promesas que hacemos a Dios, a nosotros y a nuestros semejantes, etc.

Hablar en éste artículo de los rituales mágicos, cómicos y hasta ridículos que mucha gente hace (incluso con toda seriedad y solemnidad), sería perder el tiempo, y hasta dar ideas a más de un despistado o despistada que trate de justificar su falta de fe y esfuerzo real por mejorar su vida y de dejar que la gracia de Dios transforme lo que tenga que ser transformado en su propia persona.

 

Muchas veces se trata de un narcisismo espiritual en donde cada quien vive sus propias fantasías de aventura y de poder satisfaciendo su propio ego, y alejándose del mundo y de la realidad.

 

Creo que con el título y contenido de la presente colaboración es más que suficiente para entender que mientras vivamos siempre tendremos la oportunidad de ser mejores y agradables ante nuestro Señor, y que lo que por alguna razón no hayamos podido lograr o conseguir siempre podrá ser puesto ante la Divina Providencia la cual sabrá otorgarnos lo necesario para nuestro bien, nuestra santificación y también para nuestra salvación.

 

ENTONCES ¿CÓMO RECIBIR EL AÑO NUEVO?

La Biblia contiene innumerables citas y máximas en las que Dios nos promete bienestar y bendiciones, pero primero da las condiciones de cómo obtenerlas y disfrutarlas plenamente.

He aquí algunas de ellas que resultarán muy provechosas para nosotros y nuestros propósitos:

 “Ya se te ha dicho, hombre, lo que es bueno y lo que el Señor te exige: tan sólo que practiques la justicia, que seas amigo de la bondad y te portes humildemente con tu Dios”. Miqueas 6, 8.

“Pero no se acuerden más de otros tiempos, ni sueñen ya más en las cosas del pasado. Pues yo voy a realizar una cosa nueva, que ya aparece. ¿No la notan? Sí, trazaré una ruta en las soledades y pondré praderas en el desierto”. Isaías 43, 18-19.

“Si aceptamos de Dios lo bueno, ¿porqué no aceptar lo malo? ¡Bendito sea el nombre del Señor!” Job 2, 10

“Dejen de hacer el mal y aprendan a hacer el bien. Busquen la justicia, den sus derechos al oprimido, hagan justicia al huérfano y defiendan a la viuda. Ahora Yahvéh les dice: Vengan, para que arreglemos cuentas. Aunque sus pecados sean colorados, quedarán blancos como la nieve; aunque sean rojos como púrpura se volverán como la lana blanca”. Isaías 1, 17-18

“El amor de Yahvéh no se ha acabado, ni se han agotado sus misericordias; se renuevan cada mañana. Sí, tu fidelidad es grande”. Lamentaciones 3, 22- 23

“Busquen primero el Reino de Dios y la Justicia de Dios, y se les darán también todas esas cosas”. Mateo 6, 33

 

FELIZ AÑO NUEVO.

PAZ Y BIEN

E. Gerardo García J.

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